jueves, noviembre 22, 2007

Alternancia número tres
(O cómo la conjunción espaciotemporal me persigue)

6:15 a.m.
Curioso. Hace un par de días vengo pensando en esta cosa que me acecha como si fuera su presa. (La idea de ella me persigue.)
Y no sólo la idea de ella, su conciencia particular de las visiones, interpretaciones, sobre interpretaciones, voz, cuerpo, alma; su lenguaje sobre / en los objetos físicos y acerca de las sustancias y entornos me atrapó cuando decidió jugar con mis palabras, desde el punto en que se había construido un puente con dos años-vuelta, tres en número, atrás en el mismo ciclo de mi vida, una línea paralela con esta conciencia que ya me había cuestionado en ese entonces lo que era.
Primero déjenme decirles por qué creo aquello:
La conciencia al enhebrarse desde la conciencia, como si fuera todo el conglomerado de conciencias: la melaza1 y pongámosle por nombre al dios originador: Algodonero. Supongamos que nosotros en algún momento (por deseo expreso, por ejemplo, al decir quiero un algodón o un niño; es lo mismo) nacemos. Y en ese caso, al enhebrarnos y concebirnos en un ser independiente y autónomo de la melaza (que es única por cierto y que de alguna manera es concebida como periodo de no—vida o latencia), la conciencia que es subjetiva desde la melaza, en el sujeto nacido se vuelve objetiva y real. La conciencia adquiere un matiz activo (en el que creceremos y nos perderemos / seremos perdidos, para ser encontrados / encontrarnos.)
Habrá durante la historia en la que estamos inscritos todos, los concientes, una paridad; y si tú que lees, te (lees) encuentras aquí, bienvenido. Siempre habrá una ella que se multiplica infinitamente junto con un él forzoso. Habrá entre estos dos al infinito: un baile, una pretensión y un desenlace que por lo general es abrupto. Si es que se trata de ti, la primera que se apareció y contestó y siguió el hilo de la conversación (y en ese caso el hilo de mis deseos), y que para que haya una sensación de unidad creo que debes ser generada, original, por lo que regresando al tema siempre habrá el deseo latente (como latencia) por medio de diferentes líneas y códigos e interpretaciones.
Pero con esto resolvemos nada.
Primero: déjenme decirles que no es primero, segundo: es dos más uno, siempre más uno. El caso es que una mujer cuando te atrapa, cuando ella es conciencia y acto, causa, motivo, hecho y que cuando te atrapa, decía, no te suelta la idea ni la fijación ni nada. Su conciencia, latente o no, es autónoma del noos, por lo que ella en cualquier momento puede decidir si me deja o no, alguna posibilidad.
Hablaré en tercera persona femenino singular, de la mente, o sea, ella; como el proceso pensante que da las ordenes y que está presente antes que la sensación misma. Ella es la versión racional del deseo además de representar lo espiritual y onírico ya que sería el yin si del tao se tratara; y en el lado físico ella puede no siempre estar presente; se le ubica (ubicua?) en un lugar que se encuentra dentro del cerebro (dentro de una de las involuciones, en uno de los hemisferios, en la corteza cerebral, viajando con la forma de impulso—lenguaje desde las neuronas)— en este caso sería dentro de mí, como una voz— pero siempre se le representa hacia afuera. Se dice que de ella viene la segunda persona, tú, pero desde su punto de vista, ése tú, o sea, yo, el ser físico, ejecutor, componenda sensitiva de tanto la célula órgano aparato sistema, como la suma de sus sensaciones que en el contexto general se transforma en el impulso; para luego dar la suma de deducciones y posibilidades pensadas, procesos asimilatorios y formas de pensamiento restante. De él, en el caso del tao, sería el yang, y su localización física forzosa, tanto para que las sensaciones sean posibles (como órganos) así como para constar que existe una entidad como unidad autónoma (cuerpo) e inseparables del: afuera. Corpus.
Ella conoce todas las lenguas; él las formas. Al conjunto tanto de procesos mentales como de procesos físicos — sensaciones— e interacción entre ellos se le conoce como: nosotros.
No existe momento claro u objetivo en el que se pueda decir que nos conocimos; simplemente alguien habló primero— puede ser que ella haya dado ese paso— y comenzó una discusión.
Sigo pensando en que imaginar es la forma más barata, y que nos da la naturaleza, para ser felices, pensando en el número de horas que tal vez le dediqué a imaginar una situación que se asemejara a esto, cuando estaba solo, y aún no entendía que teníamos que ser una unidad. Estaba lejos.
Ella controla el cuerpo, por lo que el cuerpo sin ella no funciona, se mueve, hace, o puede pensar nada; porque el cuerpo como órgano entero y como cáscara, no sirve de nada sino para fines estéticos, cosa que no puedo discutir desde acá, porque la latencia no tiene fines útiles, es subjetiva y sin acto. Por lo que el griterío de millón de voces, que sólo es una masa, y que nadie puede entender el concepto ya que es como una masa protoplásmica que no puede terminar donde comienza el todo dentro del vacío; los conceptos se encuentran muy estrechos el uno del otro y aquí la opinión de todos, es la de Uno2.
Y que sí, efectivamente la conciencia, ésa, trataba de alcanzarme.
6:45 a.m.
Entonces digo que con forma de ella (representada por un personaje en el afuera), pequeñita, sola, como quien dice que una mujer hermosa no puede estar sola, así de sola como lo estaba ésta. Con sus ojos entrecerrados por el frío con el frío en el frío, en fin, estaba ella sentada y no hacía nada sino esperar a que algo le pasara — lo podría decir firmemente — ella, en la estación, esperaba (¿un tren?), para irse.
Tomaré en cuenta y como mapa, el que en el universo de la estación, todos los que nos hallábamos en ese momento — se me ocurre que todos regados como canicas o la posición de los planetas, como dicen que es, aunque uno, desde acá, dentro de este plantea, siendo uno tan minúsculo — ocupábamos una posición estelar, por así decirlo. Y con ello quiero decir que como conjunción o como eclipse o como maquinaria precisa, todos representando (en el sentido de presente continuo) una posición precisa que argumentaba un orden emulado, que provenía desde y con forma de ondas; ella en el centro y sin darse cuenta todos los demás afuera girando.
He creído que desde la mirada comienza todo. Como la de una niña, una inocente niña que no puedo perder de vista porque me llama con su mirada y sonrisa. Yo no soy su padre o pariente. Somos desconocidos y sin embargo me sonríe. La mirada parece estar en todos lados: (en el hipotético afuera en el ajedrezado, en el mini universo de la estación) y que ese mirar particular me llama en alguna metafísica forma (llámese en el póster del metro por ejemplo, con la rubia señalando con su dedo un tinte, pero que en realidad está señalando un punto de adentro hacia afuera; no es el color del tinte sino el deseo expreso saliendo de un punto imaginario. Sigo la línea invisible que sale de su dedo a mi ojo, traspasándolo. El punto señalado se detiene en otro punto focal.) Otro rostro. El primero.
Ella (la primera niña) no sabe mi nombre y me observa como cuando mira una mosca y que no parece importarle su existencia pero me sonríe como / porque si fuera yo alguien conocido, como si otro tiempo nos hubiera separado y en este distantes. Sigue sonriendo.
Tic…
Me señala. Su dedo me traspasa. El reloj.
Y eso que ésta niña de la que les hablo se encuentra en la posición de Tierra, en las canicas, en el suelo, en la estación, en el micro dentro del macro universo, en el más afuera.
Es ahí donde y (desde donde) percibo eso que me llama nos llama(nos ha llamado) siempre y entonces, acá, sé que cuando me mira y me traspasa (al presentar diferentes puntos focales y de perspectiva en los que metafísicos dedos que me señalan han de traspasarme) cuando entonces como si desde la latencia, ella, la verdadera ella me hubiera mirado un sólo segundo (dentro de la niña-ella) como el que pasó en el segundero, retratado y retardado en alguna cámara de entre los cientos de cámaras que hay en la estación, tal vez cuadro a cuadro, tal vez en todos lados simultáneamente mientras nadie nota ese: entre la niña y la mujer que se mira desde adentro, en la abstracción de un sol que no puede verse desde afuera, porque se cegaría (si tuviera conciencia de ello) y que desde adentro no sabe qué tan caliente puede ser porque no conoce nada que no haya sido quemado previamente. Previamente digo que ella se localiza en un lugar, adentro. Desde afuera.
Puedo imaginar entonces mi cara de estupefacción, viéndola levantarse del asiento, mientras uno de los guardias de seguridad se distrae en la televisión número dos, al parecer una avería, que aunque para su juicio no severa, le hace perderse unos segundos de la historia que contaba y que puedo decir que por una fracción y como siempre, como el retrato-snap shot de un momento en el que todos los policías del mundo se distraen justo en que el ladrón, repetido, huyendo alegremente mientras en la estupefacción del policía-la mía, y que me llama desde ella, para querer saber de ella, por ella, con ella (el policía sigue distraído, alguien le habla, alguien lo absorbe, lo aturde y eso hace que olvide su trabajo),
El polizón escapa a la revisión de los boletos y se sale con la suya; aunque ella está en otro lado, con un boleto a punto de irse a quién sabe donde, pues sólo sé de ella lo que percibo desde acá. Entonces decía me condolió conduele hasta la médula: el que de ella sólo me quede una imagen borrosa y borrable de lo que una mirada ojo rostro cuerpo envoltura captó, como en una fotografía, para que luego se desvanezca cuando la manecilla chica alcance a la grande y gire el mundo desde donde yo me encuentro. La niña sonríe.
Tengo que conocerla. Giro la cabeza trescientos sesenta grados.
Tac…
De pie. Desde la contemplación y el Eros encadenado a dos maletas y una mochila pesadísima donde comienza este viaje, mi viaje: El suyo. De contar lo indecible y que por un imperio y sin él, por una mujer desconocida que miraba y no miraba, que sabía y que no preocupada (en ese entonces (ahora) y que no sabíamos de que huía y que, por lo pronto, desconoceremos), con las piernas cruzadas, siempre, siempre, cigarro en mano y como extensión al dedo índice y medio, varita mágica, y como ademán, aburrida.
Entonces tenía que de alguna forma y modo, otra vez, alcanzar aquella cosa, y que desde allí, aquí, yo estupefacto, perdiéndome entre los vagones y las miradas, el puesto de periódicos con los niños jugando con más canicas, un pordiosero arrastrándose, una pareja de jóvenes felices y acaramelados; en fin, todos ellos estaban entre ella y yo, como si fueran las canicas regadas en el piso (y las de afuera y más afuera) y todos en órbitas elípticas. Ella el Sol, yo alguna Luna de Plutón, perdida.
Recuerdo que era domingo y que el verdadero problema es que entre ellas hay un problema físico de realidades. En el momento en el que miró por tercera vez la cámara cuatro, como si esperara algo, muy nerviosa, fue cuando comprendí que debería dirigirme en su búsqueda (busca).
He de decir que cuando me moví, alcanzando lo que fuera que necesitara, haciendo los esfuerzos pertinentes, pensando las cosas pertinentes, moviéndome con la dificultad con la que algún asteroide colapsando con ésta Luna (yo) y que estaría con ella en algún momento, en el que me propusiera el estar y ser con ella alguna cosa. Algo. Lo que fuera posible, ya que a cada segundo que perdía, señalado en el reloj de la estación, marcaba el segundo extra que al decantarse lentamente en cavilaciones estúpidas sobre el ser y el deber ser como un grand finale orquestado en el imperceptible tictac de un reloj o de la respiración de todos los que se encontraban en la estación en ese momento.
Es como en el circo cuando el clavadista que se lanzará de la plataforma más alta y caerá en un vaso con agua sin derramar gota. Los tambores sonaban suenan sonarán / están sonando.
Tic…Tac…
Protocolos: maldita la cosa que inventaron en algún momento unos hombres y unas mujeres estúpidas que necesitaban del código para poder seguir existiendo en forma, en cuanto a forma respecta, y en cuanto a idea, sólo lo limitado de ellos mismos que podía puede podrá decirse dentro del protocolo, y que destacar cuenta y compete sólo a la imagen o a la forma. En fin, digo que cuando me acerqué y pude verla al rostro sentí que no podría nunca alejarme de esa cara de angelito; de una niña que no y nunca podrá tener culpa de nada, que tiene la mejor arma del universo conocido entre sus manos: la belleza de saberse bella. Y pues todo me daba vueltas porque no sabía cómo pensar sobre los estúpidos protocolos.
El caso es que al acercármele, primero: miraba despacio el suelo, luego veía el reloj, el suelo, el ajedrezado de la estación de trenes, luego el reloj, sus ojos, el reloj, sus piernas, el reloj, otra vez sus ojos, el universo. Cada vez que lo pensaba y lo planteaba, pensaba en que en algún momento, ese Sol que desde acá hermosísimo, me absorbía / absorbería como un agujero negro, y que de alguna forma me destruiría, entre que esquivaba al corpulento Mr. de anaranjado cabello, al suponer que se trataba de Júpiter con el montón de niños regados (sus lunitas), o que me frenaban los carritos con las maletas—asteroides, las gravedades (tanto la gravedad de los despedidos en la estación, como la fuerza o adhesión de los despidientes, como el mismo aire de nostalgia que se sentía), o lo que fuera que disminuyera mi velocidad. La cosa es que entre sus ojos y el suelo de la estación en donde esperaba plácidamente, había otro mar separando continentes y urbes y ciudades.
Ella estaba ensimismada, el nervio parecía habérsele ido, y tanto no se había percatado de que me acercaba como rastrero cometa, como de que perdía el tiempo y el tren. Y que ese tren, a manera de hoyo de gusano, transportaría la luz y vida (aunque parcialmente dejaba / dejara vida, por lo visto como la Tierra o la lejana Luna de Plutón que chocaría con cualquiera de los planetas) y le transportaría hacia algún lugar descomunalmente lejano.
Cuando el valor y las suprarrenales trabajan en conjunto, la respiración cambia; el sujeto (en este caso yo—lejana Luna) se enfoca en un objetivo (pensar, formar determinada acción, actuar.) Como en la mitología urbana (cuando sucede) y se dice acerca de un sujeto X que realiza alguna acción repentina y honorable y sin ningún interés hacia un sujeto Y, salvándole la vida, por ejemplo, y que al hacerlo la vida de X termina como intercambio. La gente dice que X era es será un héroe; el acto de valentía del sujeto X hace que cualquier acto imposible pueda parecer, o ser en algunos casos, posible si no fuera por la adrenalina o similar.
Digo similar, porque hay más de una adrenalina en la vida: se llama querer hacer o decir o formar algo, lo que sea pero que sea, por lo que al darse cuenta y levantarse del plácido asiento tan peleado, porque además de que estaba acojinado, estaba cerca del cenicero, tuve que literalmente volar, para caer justo en el cenicero y con ello hacer más grande, más polvo, más ruido, y que me viera, aunque fuera sólo por un instante.
Sin mencionar el que en este acto, de heroico no tenía nada.
Fue cuando comprendí que los estúpidos protocolos humanos no tenían par en los protocolos estelares.
Mucho menos en accidentes Lunares.
...
6:58.45.00 a.m.
Y si después de todo se preguntan: ¿Dónde están las alternancias número uno y dos?, si se preguntan ese tipo de cosas, claro, es porque no he hablado de ello. Ustedes tan impacientes... La cosa es que tendré que hacer otra pausa para contar un poco más sobre el porqué:
La conciencia antagónica y proporcional a la que desarrollé desarrollo desarrollaré corresponde de igual magnitud y sentido que lo pensado, armado (desde el universo y paralelismo intelectivo: imaginación) en los modos, formas y ritmos que habrían de construir una realidad posible y que a lo largo del relato, aparecerá en diferentes modos y formas, por lo que, de manera especial, haré un recuento de algunos de ellos (modos):
Al pedir específicamente una forma (desde el modo arquetípico) en el momento de hacerse un constructo, que es el desarrollo de un universo paralelo en sus posibilidades tanto las más posibles como las menos y que con ello, al recrear, se regenera y reconstruye la posibilidad que hace que un hecho se vuelva real, se genere más allá de lo ya previamente generado, se metagenere3 (como intención o intencionalidad, quizá hasta causa, en tanto que contenga un mensaje, se integre a uno, o que al menos sea una estructura racionada y coherente), tanto externo (en el adentro), la forma, la voz y los ritmos se recrean y un personaje o hecho nace. Es generado.
Lo que quiero decir es que al ordenar y estructurar una construcción, recreación o metagénesis, se incurre en un deseo latente. Digo latente porque tanto el equilibrio de voliciones, que hace de fuerza necesaria para que sea el hecho de generación, como la reconstrucción de constructos sensoriales, son directamente proporcionales a la velocidad de generación de existencia.
La volición (pulsión) de vida que pueda tener este personaje (una vez dentro de la recreación) es proporcional a la intención original (como la fuerza, empuje o causa de que las dos conciencias colisionaran en la recta de la elipse temporoespacial, nuestros padres por ejemplo al “concebirnos” primero en un constructo, pensamiento o hecho que devino en nuestra metagénesis y que con ella cargamos y evolucionamos / evolucionaremos hasta la próxima vuelta—ciclo dentro de ese mismo espacio.) La volición (pulsión) de muerte (inconstante—constante según el sujeto) aparece como el dolor, culpa o negación, (afección que resta capacidad al alma para obtener y mantener bienestar), y que cuando se ve en peligro la constante de Ego (si Ego cae, las directrices éticas y morales peligran, de otra manera se puede decir que el individuo está afectado por una pasión que puede ser corporal, anímica e intelectiva tanto en combinación como en conjunto). Si el sujeto mantiene en equilibrio ambas voliciones es más probable que el sujeto pueda “enfocar” o que el ordenamiento de los sucesos que “serán”, tendrán el ordenamiento correcto dentro de la oración metaobjetiva4 para lograr que una metagénesis suceda.
El equilibrio de las causas corresponde tanto a las causas no resueltas (causas para que el individuo siga con la causa—no—causa original propia en el ciclo de la vida misma), como la solución de causas que antes parecían indisolubles (cerrar ciclos) como el que las cosas solubles ahora sean disolubles (abrir ciclos), en fin, lo que hace que se equilibre es que cada elemento (volición de vida, muerte, constante de Ego y pasiones) en unión con los demás al girar alrededor de una elipse más desde la melaza—conglomerado hasta lo real, en una danza infinita hacia afuera, o quizá hacia el exterior en círculos concéntricos—excéntricos, y que, aunque si tomásemos en cuenta el hecho de que al incluir en el universo (construcción visual, auditiva—fónica—sonora, táctil, olfativa y gustativa antes del acto mismo5), al imaginar los sucesos, (porque las causas aunque no sean claras, siempre en exvoluciones constantes, hacia afuera), puedan ser / sean llevados a la realidad.
Dicho de otra manera:
Al imaginar una situación dada, el sujeto que recrea un universo alterno, por decir, detrás de los ojos, párpados, en proyección interna se construye un universo que crece y se expande en con por la forma de información y lenguaje que se duplica cada que es confrontada en un aparato dual que funciona tanto para crear—recrear como también para descartar las situaciones más válidas de las menos válidas. Es un mecanismo que mantiene las metagénesis dentro del rango de lo posible para que en el caso de “adelantarse” demasiado al tiempo en el que se estén estaban estarán generando los hechos, no salga de control y devenga lo que podría ser lo peor a lo que un sujeto metagenerativo se expone: la muerte (dentro del plano físico), como también el hecho de que si no hay descendencia en el ciclo, su especie así como lo que entendió, inevitablemente perecerá.
Éste universo conforme crece y se expande en cuanto a lenguaje corresponde dentro de un constructo visual o un constructo auditivo como lenguaje (fónico—sonoro), como el sonido “de fondo” a manera de diálogos, ruido; notas específicas en las que las vibraciones producen efectos únicos en la memoria que sirven de referentes emocionales y por ello son genuinos para nuestro archivo. Las imágenes dispersas por ejemplo: en una bandada de pájaros, existe sólo uno al que vemos, el cual se convierte en el referente de una situación que tal vez no tendría sentido si los haruspicios no hubieran sido inventados. La imagen es sobreinterpretable. Hace falta dentro del referente visual un ordenamiento mayor, más global, más coherente o directo: causa u otro referente; destellos en un balde de agua a la sombra de un tinaco en un recuerdo. Ambos recuerdos se ligan, tanto el de los pájaros como el del agua. Se imprime a manera de marca de agua en papel una señal; se cotejan los recuerdos y se archivan según el nivel que el sujeto le otorgue al recuerdo dado, así cuando éste, siendo lenguaje y causa, tiene divergencias dentro de la posibilidad—imposibilidad para que suceda, o se lleve a cabo; se juegan diferentes posibilidades a cada instante junto con sus respectivas decisiones. Cada una se debate por suceder, al ser la fuerza imprimada el impulso necesario dentro de cada una de las decisiones por tomar y se relaciona, en cuanto a puntos referenciales, en la memoria junto con un constructo sensitivo táctil, auditivo—fónico—sonoro u olfativo, además de que son los que más rápido generan una reconstrucción espacial y que ayudan a la consecución, como también ser difíciles para recrear al no haber archivos comparativos en el adentro—afuera; es decir que a mí me sabe diferente el café como el que bebes aunque sea el mismo; tantos ejemplos a modo de que los hay en cualquier lado porque generan un recuerdo / reconstructo más fácilmente. Digamos que es como un reflejo condicionado al que otorgamos valores emocionales; como otorgarle un valor solemne a los tonos graves o que reflejamos la melancolía en un perfume o en el sabor de alguna bebida. Claro que puede ser que cada alimento en el mundo tenga miles de puntos referenciales en la memoria. Por eso dichos sentidos tienen / deben de mantenerse con cautela; “la sal y la pimienta” de un reconstructo. Existe un: pero.
Lo que quiero decir es que si se careciera de gusto o tacto u oído, más que la vista que es un órgano principal, estaríamos separados del afuera, sólo lo percibiríamos desde adentro pero podríamos compararlo, aún. Lo comprenderíamos visualmente pero a medias, no habrían los referentes de realidad en los otros sentidos (según cuantos sean los que faltaren) y que si se careciera de la vista, ya que en general no puede faltar en ningún sistema (humano) desde que nace, no descartando el que haya seres extraordinarios, si se adolece del referente de realidad (principal) no hay un medio de comparación con los otros. Se está ocluido y punto6.
Digamos que el universo es una construcción oracional visual estructurada7 que se sustenta de la vista, y basado en la unión con los demás sentidos que generan la armonía tanto de pensamientos como de voliciones para con ello, desde la especie, una única unión de sentidos cuando son recreados in constructo—imaginación, cuando son por decir: re—sentidos, generan la fuerza de un orden sintáctico mayor, desde acá, por lo que a mayor intensidad en la recuperación del recuerdo (constructo subjetivo) sobre el contexto real, será la metagénesis necesaria para el actio en y sobre (constructo real—universo).
El constructo puede formarse desde la forma: Noos (intelecto—melaza) o desde el modo intelectivo (como lo es la imaginación), en donde en el constructo (a manera de red o telaraña), donde los peces—moscas (ideas reales) se fijan a la trampa—telaraña—red, y nosotros (los tejedores) volvemos real, algo pensado. Claro que también, dicho de otra manera, educadamente pido al lector que opine si este equilibrio de las causas (entre construir un mundo cuasi posible) a la incursión psíquica dentro hacia para en la psicosis, donde ese mundo cuasi posible fluctúa entre la alucinación y lo real. Y que no puedo decir si posible porque para mí lo es.
Cuando pienso en alternancias, me refiero a la capacidad de otro; y no como otredad; porque la alteridad (u otredad) viene de una etapa conciente de aceptación y entendimiento hacia el otro existente, como pensar, por ejemplo: ...éste (fulano) piensa de tal modo, yo (zutano) pienso así y punto; concordamos o no... El caso de que todo sujeto es una especie. Alternarse en un sujeto mediante la reconstrucción y readaptación del individuo (yo) al individuo (otro) mismo, desde él mismo8. Las alternancias suceden dentro del mismo sujeto, sólo que éste se mantiene inmóvil, pupilas hacia adentro en proyección, ojos abiertos, dentro del constructo latente, en el que las alteridades vienen desde el mismo sujeto.
En otras palabras:
Las alternancias o posibilidades vienen de la decisión diaria de vivir y coexistir dentro del constructo que se provee el individuo mismo; viene de él. Es su imaginario y mundo. Escape. Esta alteridad es la capacidad de pensar para / hacia el otro, desde el plano personal, espacial y subjetivo. No puede haber control y los cambios dependen del tamaño del asteroide, por decirlo así. Se mantiene como opinión o modo de pensar y es pasivo.
Se vuelve activo desde el momento en que surge como oración metaobjetiva.
Todo proceso tiene inicio y secuencia lógica; para que exista una tercera alternancia primero tuvo que haber existido una primera y luego una segunda, y no desde lo obvio, puesto que siempre una primera vez de cualquier cosa nos causa asombro, y como no existen referentes o comparación, no podemos defendernos de ella puesto que no hay información previa (referentes), la segunda comprendemos mejor las situaciones ya que tenemos puntos de referencia y es posible que tanto podamos prever, evitar o aprovechar situaciones; la destreza se desarrolla, y en la tercera ocasión surge tanto el deseo por continuar algo aprendido, aprendiendo, obtenido, desechar lo inútil y poner en práctica lo que quizá se aprendió en aquella primera hipotética ocasión, desde el oficio. Por lo que si lo pensamos bien, al despertar, todo lo que nos rodea está lleno de asombro y aunque siempre haya elementos concordantes al universo común (la cama, la almohada, la gente, entorno cultural, social, etc.) y conforme se llena de particularidades, cosa que torna al asombro diario en un modo ahorrativo, devienen las alternancias.
Éstas se generan de la reconstrucción de un universo, como cuando hablé del constructo y el imaginario. Se generan de los cruces e interconexiones entre tiempos, espacios, sentidos y niveles de conciencia como sucede con alguna idea o concepto cualquiera.
Azul: genera al menos tres trillones de imágenes, ideas, palabras, frases, circunstancias, conceptos y diaconceptos y eso sólo en un color, una palabra, al menos; y que para conceptualizarlo hace falta al menos de otro concepto: color azul. Otra palabra. Por derivación de conceptos, las frases y circunstancias se eliminan, queda la imagen. O sea que siempre que para generar desde ella un constructo, primero tiene que partir de la derivación de conceptos, de la suma y resta instantánea de conceptos, de la contradicción incesante, para entender (particularmente) un universo. En adición constante.
El hecho de que las cosas se puedan especificar y designar de acuerdo al acto nominativo de la conceptualización, es cosa de las matemáticas inconcientes de la vida.

Tic…Tac…Tic...Tac…
Silencio
7:00.00.01 a.m.

Y quiero decir que para contextualizar lo que quiero decir con alternancias, me refiero a que para alternarme (y entonces no ser un asteroide en este caso), porque como les había dicho antes: si la metagénesis no es coherente, o la recuperación de datos en la memoria no logran objetivar—generar la metagénesis, entonces de nada serviría decirles que entre los blancos, el tiempo detenido, el Mr de anaranjado y la niña-tierra que desaparecían en un fulgor mientras yo quería atraparla hacia el afuera desde aquí, adentro, pensando en cómo podría ser posible tanta luz, tanto calor… algo me quema, ya no hay ojos... efectivamente los referentes cambian cuando uno está ocluido de la vista, efectivamente cuando chocan una lejana luna de plutón perdida, heroicamente, contra un cenicero, un asiento y una maleta sospechosamente recargada.


Y entonces el silencio se vuelve el origen de las vueltas.
Es momento de regresar al saco rosa.

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